Tras años conviviendo con un asma grave e incontrolable, la vida de Martina cambió por completo gracias a su participación en ensayos clínicos. Lo que empezó como la última salida ante la falta de alternativas se convirtió en el punto de inflexión que le permitió recuperar algo que había perdido durante mucho tiempo: la capacidad de respirar… y de vivir.
Martina vive en Mérida y ha participado en dos ensayos clínicos relacionados con el asma grave. Hoy nos cuenta cómo pasó de no poder subir una cuesta sin detenerse a recuperar una vida activa y estable.
El camino hacia un ensayo clínico
Todo comenzó a través de su propio seguimiento médico. Martina llevaba años con un asma muy difícil de controlar y estaba en tratamiento con su neumólogo en el Hospital de Mérida.
Pasaba entre seis y ocho meses al año con corticoides. Ya había tenido varios ingresos por neumonía y tenía el asma sin controlar.
Martina, entrevistada por la Comunidad de Investigación
Durante años, le dijeron que no cumplía los criterios para acceder a estudios clínicos. Sin embargo, todo cambió cuando un nuevo especialista revisó su caso.
Me derivaron a la unidad de asma grave justo cuando acababa de abrir. Empezaron a hacerme pruebas, ajustar tratamientos… y un día me preguntaron: "¿Te gustaría participar en un ensayo clínico?"
Martina, entrevistada por la Comunidad de Investigación
En ese momento, Martina no dudó. Como ella misma dice, fue lo mejor que le podía haber pasado.
Vivir bajo el peso del asma
Durante años, el asma marcó por completo su vida diaria.
Mi sobrina decía: "Espera, que la tita tiene que recuperar el aliento". Tenía que pararme en mitad de la calle porque me ahogaba. No podía subir una cuesta sin pararme. No podía respirar bien. No tenía vida.
Martina, entrevistada por la Comunidad de Investigación
Su vida seguía un patrón constante de crisis. De abril a diciembre era un ciclo continuo: terminaban los corticoides y volvía la recaída. Así durante años.
Los síntomas eran constantes: tos, sibilancias, fatiga y exacerbaciones frecuentes. Incluso las actividades cotidianas se volvieron imposibles.
Martina reconoce que le daba miedo participar en un ensayo, pero también sabía que necesitaba una solución; sentía que tenía que hacer algo. El papel de su médico fue clave para ayudarla a tomar la decisión.
Me lo explicó todo y me dijo que iba a estar muy controlada. Eso me dio muchísima tranquilidad.
Martina, entrevistada por la Comunidad de Investigación
Dar el paso a lo desconocido: su experiencia en el ensayo
Martina participó en un primer ensayo con un tratamiento biológico que ya estaba en proceso de aprobación en Europa. Pasó un año completo dentro del estudio, con un seguimiento médico muy cercano: análisis de sangre periódicos, revisiones y controles continuos. Ese nivel de supervisión le dio mucha confianza durante todo el proceso.
Te lo ponen todo muy fácil. Te sientes muy controlada y muy acompañada.
Martina, entrevistada por la Comunidad de Investigación
Sin embargo, al finalizar el ensayo surgió una nueva incertidumbre: el tratamiento aún no estaba disponible en España. Afortunadamente, su neumólogo intervino directamente, contactando con la administración y defendiendo la necesidad de que Martina continuara recibiéndolo, insistiendo en que lo necesitaba con urgencia. Apenas diez días después, recibió una llamada del hospital: el tratamiento ya estaba disponible.
Gracias a ello, Martina pudo continuar con un tratamiento que ya había demostrado ser transformador en su vida. Más adelante, participó en un segundo ensayo clínico con un tratamiento similar.
Como el primero fue tan bien, pues quise participar otra vez. Pensé que podía ayudar a la investigación y a otras personas como yo
Martina, entrevistada por la Comunidad de Investigación
Mirando atrás: una vida transformada gracias a la investigación
El cambio ha sido extraordinario. La capacidad pulmonar de Martina supera ahora el 100% y lleva dos años sin apenas sufrir ni un resfriado fuerte. Pero más allá de los datos, el impacto real ha sido profundamente transformador.
Su experiencia no solo ha transformado su salud, sino también su forma de entender la medicina y la investigación. Para Martina, el impacto va mucho más allá de lo personal.
Ahora tengo vida. Antes solo tenía cuatro meses buenos al año. Ahora puedo caminar, llevar una vida normal, trabajar… cosas que antes eran imposibles. La investigación es vida.
Martina, entrevistada por la Comunidad de Investigación
Una historia que refleja el impacto de la investigación
La historia de Martina es un claro ejemplo del papel que pueden desempeñar los ensayos clínicos en la vida de las personas con enfermedades crónicas.
En su caso, participar en investigación no solo le permitió acceder a un tratamiento innovador, sino también recuperar su día a día, su independencia y su bienestar.
En la Comunidad de Investigación, seguimos trabajando para acercar estos estudios a pacientes que, como Martina, pueden encontrar en ellos una oportunidad de cambio.
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