Efectos placebo y nocebo: qué son y cómo influyen en cómo nos sentimos

¿Alguna vez has sentido picor solo con pensar en piojos? ¿O te has sentido mejor después de hablar con un médico, incluso antes de tomar ningún medicamento? Estos son algunos ejemplos de cómo nuestras expectativas pueden influir en lo que sentimos.


¿Qué es un placebo? ¿Y un nocebo?

El efecto placebo se define como un efecto provocado por la creencia de una persona en el beneficio de un tratamiento y por su expectativa de mejorar, más que por las características del tratamiento en sí. Así, un placebo, por ejemplo, una pastilla de azúcar o una inyección de suero salino, actúa a través de una expectativa positiva que puede llevar a un resultado positivo.

La palabra tiene raíz latina y significa «agradaré» o «complaceré». Los resultados de numerosos estudios reflejan precisamente esta idea, ya que muestran que los pacientes que reciben un placebo a menudo comunican una mejora significativa de sus síntomas.

El efecto nocebo es la otra cara de la moneda, aunque menos conocida. También procede del latín y significa «haré daño». El efecto nocebo ocurre cuando una expectativa negativa provoca efectos negativos o un empeoramiento de los síntomas.

En medicina, y especialmente en los ensayos clínicos, los placebos son importantes porque no son un tratamiento activo. Esto significa que pueden utilizarse para determinar si un nuevo medicamento es realmente eficaz. A menudo, los estudios dividen a los pacientes en dos grupos:

  • El grupo de control, que recibe el placebo.
  • El grupo de tratamiento, que recibe el nuevo medicamento que se está investigando.

Para que un nuevo medicamento sea aprobado, el grupo de tratamiento debe mostrar una mejora o una diferencia significativa en comparación con el grupo de control que ha recibido el placebo. Sin embargo, los estudios han demostrado una y otra vez que los pacientes que reciben un placebo suelen experimentar alivio de los síntomas en comparación con quienes no reciben nada.

Estos efectos beneficiosos que observamos con el placebo, así como los efectos negativos asociados al nocebo, no son simplemente sensaciones «imaginarias». Son respuestas neurobiológicas medibles.


¿Cómo influye el cerebro en el cuerpo?

Dos factores principales pueden explicar el efecto positivo de un placebo: el sistema de recompensa y el papel del condicionamiento.

El sistema de recompensa funciona a través de la expectativa de mejorar. Esta expectativa puede activar el cerebro y hacer que libere sustancias como la dopamina, asociada habitualmente con la anticipación o la recompensa, y las endorfinas, que son los analgésicos naturales del cuerpo.

Por otro lado, el condicionamiento ocurre cuando nuestro cerebro recuerda experiencias anteriores. Por ejemplo, si en el pasado nos hemos sentido mejor después de acudir al médico, nuestro cuerpo puede empezar a activar el proceso de recuperación en cuanto volvemos a entrar en una sala de espera. En otras palabras, se basa en la memoria de habernos sentido mejor.

En cambio, la respuesta al estrés es uno de los principales motores del efecto nocebo. Cuando anticipamos un efecto o una experiencia negativa, podemos sentir ansiedad, lo que desencadena la liberación de cortisol. El cortisol es una hormona del estrés que puede provocar efectos a corto plazo, como náuseas, al frenar la digestión, o aumentar la percepción del dolor. A largo plazo, unos niveles elevados de cortisol pueden contribuir al debilitamiento del sistema inmunitario, al agotamiento y a la hipertensión arterial.

El efecto nocebo puede producirse de distintas formas. En algunos pacientes, leer una lista de posibles efectos secundarios puede hacer que empiecen a notar esos mismos efectos. Esto se conoce como el dilema de la advertencia y es especialmente importante en el consentimiento informado. Los médicos tienen el deber ético de informar sobre los posibles efectos secundarios, pero esa información, en algunos casos, puede contribuir a que aparezcan.

En otros casos, puede producirse un fenómeno de contagio social. Por ejemplo, escuchar a un amigo quejarse de una gastroenteritis puede hacer que empecemos a sentir náuseas. Esto también puede aplicarse al entorno clínico, donde los profesionales sanitarios deben ser especialmente cuidadosos con la forma en la que comunican malas noticias o explican posibles riesgos.


Factores que influyen en el efecto placebo

En los ensayos clínicos, el efecto placebo no depende únicamente de sustituir un medicamento real por una pastilla de azúcar. Se ha demostrado que factores como la marca, el precio y el color también pueden influir en los resultados.

Por ejemplo, los placebos percibidos como “caros” o de marca suelen funcionar mejor que los placebos genéricos o más baratos. Los pacientes también pueden asociar determinados efectos al color: por ejemplo, las pastillas rojas pueden percibirse como estimulantes, mientras que las azules pueden asociarse a un efecto sedante.

Además, el efecto placebo no está relacionado solo con la pastilla en sí. El entorno también desempeña un papel importante.

Los científicos han observado un efecto mayor cuando los pacientes se encuentran en un entorno clínico que refuerza el ritual del cuidado: el olor de la consulta, los médicos con bata blanca o el contacto con el personal de enfermería, por ejemplo, pueden influir en la experiencia del paciente.


Límites éticos y medicina real

Es importante señalar que los efectos placebo no pueden curarlo todo. También es fundamental distinguir entre síntomas y enfermedad.

Los placebos pueden ayudar con síntomas subjetivos como el dolor, las náuseas o la fatiga, pero no son eficaces para tratar la causa de esos síntomas, como puede ocurrir en enfermedades como el cáncer o las infecciones.

Por ejemplo, en un estudio reciente sobre asma, algunos pacientes que recibieron un placebo indicaron que sus síntomas habían mejorado y que sentían que respiraban mejor. Sin embargo, las mediciones de su función pulmonar no habían mejorado realmente y sus vías respiratorias seguían estando estrechadas. Esto muestra por qué los placebos pueden ser peligrosos si se utilizan de forma inadecuada.

En la práctica clínica real, no se debe prescribir un placebo haciéndolo pasar por un medicamento activo. Los pacientes deben saber que están tomando un placebo. A esto se le conoce como placebo de etiqueta abierta.


Conclusión

Tanto los placebos como los nocebos pueden influir en los síntomas y en la experiencia del paciente. Esto demuestra que la recuperación es un proceso complejo, en el que intervienen tanto la eficacia del tratamiento como el entorno, la comunicación y el apoyo que recibe la persona.

Si quieres saber más sobre cómo funcionan los ensayos clínicos, puedes leer nuestro artículo anterior sobre las cuatro fases de los ensayos clínicos aquí.